Proceso de diseño oscuro

Cómo creamos un diseño MEPHX: del prompt a la prenda

Mucha gente asume que crear con inteligencia artificial es sencillo. Que escribes unas palabras y la máquina hace el resto. Que el proceso es automático, casi trivial.

No lo es.

Crear una imagen que merezca existir como diseño MEPHX requiere algo que ninguna IA tiene por sí sola: criterio.


Todo empieza con una sensación

No empezamos con un brief de producto. No hay una reunión donde alguien decide que esta temporada el color es el gris marengo y la silueta es la A-line. Empezamos con una sensación — algo visto, leído, escuchado, soñado que genera una tensión interna que pide forma.

Puede ser un fotograma de una película que nadie ha visto. Una fotografía de archivo de los años 70. La textura de una pared mojada a las tres de la mañana. Una canción que suena mal pero correctamente.

Esa sensación es el punto de partida del prompt.


El prompt como acto creativo

Un prompt no es una instrucción técnica. Es un acto de dirección creativa comprimido en lenguaje.

La diferencia entre un prompt genérico y uno que produce algo que vale la pena es la misma diferencia que hay entre decirle a un fotógrafo hazme una foto bonita y decirle quiero capturar el momento exacto en que alguien decide no llorar más.

En MEPHX trabajamos los prompts con la misma atención que un director trabaja un guión. Cada palabra importa. La atmósfera, la luz, la posición del cuerpo, la expresión, la textura del fondo, el grano de la imagen. Todo se especifica, se ajusta, se descarta si no sirve.


Cien imágenes para una

Por cada diseño que termina en una prenda MEPHX, generamos entre cincuenta y cien imágenes. A veces más.

La mayoría no llegan a ningún lado. Son demasiado suaves, demasiado obvias, demasiado parecidas a lo que ya existe. Algunas están técnicamente bien pero no dicen nada. Otras dicen algo pero no lo suficientemente claro.

Buscamos la imagen que golpea. La que hace que quien la mira se detenga aunque no sepa exactamente por qué. La que tiene algo que no termina de resolverse — esa tensión que obliga a seguir mirando.

Cuando aparece, lo sabemos.


De la pantalla a la tela

Una vez elegida la imagen, empieza otro proceso: adaptarla para que funcione sobre tela. Una imagen que impacta en pantalla no siempre funciona igual impresa sobre algodón. Las proporciones cambian. Ciertos detalles se pierden. Hay que pensar en cómo interactúa el diseño con el cuerpo que lo va a llevar.

Es un proceso de traducción — de un medio a otro — que requiere tantas decisiones como el proceso creativo original.

El resultado, cuando funciona, es una prenda que lleva dentro algo que no se puede fabricar en serie. Una imagen que existe exactamente una vez en esa combinación de diseño, tela y persona que decide llevarla.

— MEPHX

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